Lluís Llach: “La independencia, para Cataluña, es una cuestión de supervivencia”

De revolucionar la nova cançó y pasar 40 años en los escenarios, se metió a hacer vino; del vino ha entrado en la escritura, y así va, como un saltador de pértiga, de un terreno a otro, muy sereno ahora que se siente viejo, pero triunfando sin querer. No quería ser músico e hizo historia al conectar con una ola antifranquista desde su exilio parisiense. Con sus canciones, en catalán, muchos aprendieron los ecos de la España plural que vomitaba con razón encima de aquella una, grande y libre. Tampoco quería ser bodeguero y un buen día se metió a hacer vino en el Priorato. Lanzó un sello de alta gama con su nombre, el Vall Llach, y también lo condecoraron con multitud de premios internacionales. Pero no paró ahí. Tampoco quería escribir y se lanzó a la aventura de construir una novela. Cómo no, triunfó en catalán, y ahora espera hacerlo en castellano. Memorias de unos ojos pintados(Seix Barral), se titula esta historia de una generación truncada en la Barceloneta por la guerra y sus consecuencias. Contempla el último acto de su vida con alguna ilusión más, como la independencia para Cataluña. Cuidado, que de lo que se empeña, sin querer, lo consigue.

Ya, ese fracaso empieza a ser palpable en muchos ámbitos, pero precisamente por eso, porque es general, ¿es el momento indicado para azuzar con el independentismo? ¿Hasta qué punto es deseable, oportuno, práctico?

Aquí no hay un resurgir… El nacionalismo catalán nunca había estado como ahora, ni en cantidad ni en fortaleza. No es que vuelva, yo he sido nacionalista e independentista toda la vida, no ha resurgido. ¿Oportunista? Nosotros hemos intentado hacer pedagogía de lo que queríamos ser y adaptarnos después a lo posible. Somos muchos los que pensamos que formamos una nación y que como tal necesitamos instrumentos para realizarnos. La sociedad catalana es una entidad de voluntad. Luego está lo práctico: de los 21 millones que daban a la alcaldía para actividades culturales, ahora solo les queda uno, y así podríamos hacer una cascada. A la cohesión de esta nación culturalmente perseguida le unes la praxis y los números, y dices ah…

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